Noticia Gourmet 16

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 BODEGAS DE VINO EN RIOJA QUE ENAMORAN

12/08/2018

Lecea, historia y tradición

Enclavada en la comunidad de San Asensio, en Rioja Alta, se encuentra la Bodega Lecea, fundada por Luis Alberto Lecea, expresidente del Consejo de la D.O.Ca. Rioja. Sus edificios, comunicados bajo tierra en cuevas llamadas calado, datan del siglo xvi y son portavoces de la etapa antigua de los vinos riojanos. Una aventura en el tiempo que te relata el método de almacenamiento en cuevas de madera de hace 500 años y su transportación en pieles de cabras, el pisado tradicional de la uva y cómo estos evolucionaron cuando el vino pasó de ser un alimento a una cosa exquisita, como consecuencia de la filoxera francesa, hace 140 años, que llevó a los franceses a comprar vino para llevárselo a su mercado en Burdeos y esto amplió los horizontes riojanos y su necesidad de volverlo negocio. Así, en San Asencio hay alrededor de 330 bodegas abandonadas y sólo dos elaboran vinos. Esto se debe a que, hace unos 30 años, cientos de agricultores que no lograron cumplir con los estándares de calidad del Consejo Regulador se unieron en asociaciones y cooperativas para producir y vender uvas a otras bodegas.

Hace tres años, Luis Alberto compró una parte de esta bodega, la otra se la heredó uno de sus abuelos, y a modo de tributo al tiempo, hace sus caldos con elaboración moderna y almacenamiento en antiguo con hormigón. También tienen una etiqueta que comercializan joven y que, a pesar de su limitada producción y que no lleva la marca Lecea, se ha vuelto su presea artesanal: Corazón de lago. Éste se elabora con el método antiguo: deja las uvas en el agua, enteras y sin romper, para una maceración carbónica (fermentación del tinto sin romper) durante 15 días. Éstas fermentan a través de la piel del grano, luego, antes de pisarlas, les escurre el 30 por ciento del líquido que se ha roto y pisan las uvas que se conservaron. Al día siguiente, se pasa por una prensa donde sólo se obtiene el 50 por ciento en vino.

 

El resultado es un caldo único: con mucha más fruta, aroma y sabor que cualquier joven que hayas probado. A la par y para hacer más viva esta herencia, cada año hacen la fiesta del pisado de la uva con la elaboración tradicional, de puertas abiertas al público, la cual ganó en 2016 el premio a la mejor experiencia turística nacional.

Ontañón: arte y vino

“El vino es poesía embotellada”, versaba Robert Louis Stevenson, y la familia Pérez Cuevas siempre lo vislumbró como parte de su filosofía enológica. Raquel, Leticia, Rubén y María son la quinta generación que decidió continuar con la tradición del cultivo de la vid (con 250 hectáreas de tempranillo, graciano, garnacha y viura en Quel, Rioja Baja) a través de la fundación de esta bodega, hace treinta años, donde el arte pasa de ser una mitología a una realidad que te envuelve como en un sueño. Miguel Ángel Sáinz, artista español, fue quien trabajó durante cuatro años en el interior de la bodega para lograr recrear el mundo de la mitología, a través de pinturas, esculturas y arte-objetos relacionados con Dionisio, dios del vino y la feminidad.

 

Sorprende en la entrada de la bodega la escultura colosal de una mujer rota semidesnuda que cría y trabaja, mostrando el lado subversivo del artista, en una época donde las bodegas eran dominadas por el trabajo masculino. Mientras que en su centro o entrañas impacta la de Perséfone y el origen de las estaciones del año.

Marqués de Murrieta, vinos con linaje

Si eres de los que siempre soñó con adentrarse en los laberintos de un castillo, esta bodega de La Rioja Alta es para ti. El castillo, que funciona como bodega, está rodeado por treinta viñedos, con vides antiguas (hasta de 90 años), posicionados de los 320 a los 485 metros sobre el nivel del mar. Sus climas de índole continental y mediterráneos, con una diversidad de suelos que oscilan de los aluviales a los arcillosos y ferrosos, hacen que sus vinos tengan una expresión de lo más diversa, pero con una filosofía en común: el cuidado en su envejecimiento.

 

Luciano Murrieta, fundador de la bodega, elaboró vinos desde 1852, introdujo el concepto de château francés en la finca Ygay y fue el primero en exportarlos fuera de España. Actualmente, del millón de botellas que elaboran al año, exportan el 75% de la producción, con presencia en más de 100 países. Este visionario del vino es quien modernizó los estilos en Rioja Alta, tras varias excursiones a Burdeos para aprender sus técnicas. Acreedor de un título nobiliario, Luciano se caracterizó por su lado humanista —incorporó hogares en el viñedo y una casa cuna para las madres trabajadoras— y por su trabajo político y social en La Rioja. Hoy, visitar la bodega es una aventura en el tiempo.

Roda, obsesión por la vid

Fundada en 1987, en Rioja Alta, Roda es una bodega joven pero con una experiencia de altura. Aquí sólo elaboran vinos tintos, cuyas uvas proceden de 17 zonas diferentes de La Rioja y, por lo tanto, tienen 17 tanques de roble francés para que fermenten de acuerdo a su tipicidad en cada terruño. Sus cultivos de tempranillo, graciano y garnacha son vendimiados manualmente (siempre buscan racimos con una maduración especial), al proceso no le añaden levaduras y su segunda fermentación maloláctica la hacen en barricas, las cuales se encuentran en unas sala con un sistema de humificación que implementaron para aportar en vapor la humedad necesaria para crear las condiciones climáticas óptimas en los diferentes procesos. Esto da vinos de alta gama, muy redondos en boca y con mucha presencia de la fruta.

GIF: galeri.uludagsozluk.com

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FOTO: GOURMET DE MÉXICO

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FOTO: GOURMET DE MÉXICO

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